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Nuestra historia

En 2020, cuando el mundo se detuvo, muchas personas se encontraron solas frente a sus propias emociones. La incertidumbre llegó a los hogares, y con ella, la ansiedad, el duelo, la distancia emocional y el silencio de quienes no sabían cómo pedir ayuda. Nosotros lo vimos de cerca  y lo que vimos nos transformó.

Porque lo que llegaba a consulta no era solo tristeza o estrés. Era dolor profundo. Eran historias de pérdida, de vínculos rotos, de experiencias que habían dejado una huella que las palabras solas no alcanzaban a sanar. Y fue ahí donde nos hicimos una pregunta que lo cambió todo: ¿estábamos realmente equipados para acompañar ese nivel de dolor?

La respuesta honesta era que no del todo. La terapia tradicional centrada en narrar la historia y trabajar las creencias, tiene un valor real, pero descubrimos que tiene un límite importante: el trauma no vive solo en lo que se recuerda y se cuenta. Vive en el cuerpo. En la tensión que no se va, en las reacciones que aparecen sin aviso, en esa sensación de estar atrapado/a en algo que ocurrió hace años pero que se siente como si fuera ahora.

Comprender la historia no siempre es suficiente para reparar el dolor y eso nos llevó a buscar algo más.

Fue así como comenzamos un camino de formación profunda en los modelos terapéuticos que la ciencia ha demostrado más efectivos para trabajar con el trauma psicológico. Estudiamos el EMDR, un enfoque que permite al cerebro procesar lo que quedó bloqueado. El Sistema Familiar Interno (IFS), que trabaja con las distintas partes de la psique que cargan el peso de las experiencias difíciles. La terapia sensoriomotriz, que integra el cuerpo como parte central del proceso de reparación del dolor. La teoría polivagal, que nos permitió entender cómo el sistema nervioso responde al peligro y cómo ayudarlo a recuperar la calma. Y la psicoterapia asistida con psilocibina, uno de los enfoques más prometedores de la investigación actual para el tratamiento del trauma profundo.

Lo que aprendimos fue claro: reparar el dolor no es solo entender lo que pasó. Es poder sentir, en el cuerpo y en las emociones, que ese capítulo ya no tiene el mismo peso. Es dejar de reaccionar desde el dolor del pasado y empezar a vivir desde un lugar más seguro.

Hoy somos un equipo de doce especialistas, terapeutas con entre 7 y 13 años de experiencia, unido/as por esa misma convicción. Hemos acompañado a más de 3.500 personas en procesos que van desde la depresión y la ansiedad hasta la reconstrucción de vínculos, la elaboración de duelos y el reencuentro con sí mismo/as. Y cada historia que llega a nosotro/as nos recuerda por qué elegimos este camino.

Creemos que reparar el dolor es posible. Que el cambio ocurre cuando hay un espacio seguro donde ser visto, escuchado y acompañado desde el lugar donde el dolor realmente vive. Y el primer paso, aunque pequeño, lo cambia todo.

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Especialistas en diferentes campos de la salud mental.

Terapias centradas en el trauma psicológico

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